Martes, 28 de Julio de 2015 |
 
” Las palabras están de más cuando no fundan, cuando no esclarecen,cuando no atraen, cuando no añaden” José Martí

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Historia
La religión de los Tehuelches

"La religión de los tehuelches se distingue de la de los pampas y los araucanos -hoy mapuches- porque no hay en ellas el más mínimo vestigio de adoración al sol, aunque se saluda la luna nueva con un ademán respetuoso acompañado de unas palabras murmuradas en voz baja, que nunca pude alcanzar a oír". Relato de explorador George Musters

(12/03/13)

Estos indios, los tehuelches, creen en un espíritu bueno y grande, que, según la tradición que relató Casimiro para explicar el nombre indígena de la eminencia denominada Colina de Dios, creó a los indios y a los animales, y los dispersó desde esa colina. No estoy del todo seguro de que esa tradición no sea una combinación confusa de la historia de la Creación, contada por los misioneros, con las ideas propias de los indios.

La mente de estos tiene una fuerte tendencia a combinar en esa forma las maravillas que se les cuenta, y también a rematar con otra lo que consideran una leyenda; pero no hay duda de que creen en un espíritu bueno, aunque piensan que este vive “sin cuidarse de la humanidad”.
No tienen ídolos ni objetos de adoración, y, a juzgar por lo que ha podido uno observar en un año de experiencia, no guardan ninguna fiesta religiosa periódica en la que rindan culto al espíritu bueno o al malo.

Lo que dicen a este respecto otros viajeros sólo puede explicarse en virtud de confusos relatos que han atribuido costumbres araucanas a los totalmente distintos patagones. La creencia que impulsa todos sus actos religiosos es la existencia de muchos espíritus malignos, o demonios, activos y perverso, cuyo jefe está siempre en acecho para hacer daño.
Congraciarse o rechazar a ese espíritu es la función del brujo, o doctor, o curandero, que combina las artes médicas con las mágicas, aunque no posee facultades exclusivas para ninguna de ellas.

Todos los sacrificios que se hacen de yeguas y caballos, no en épocas establecidas sino cuando la ocasión lo requiere, como en los casos de nacimiento, muerte, etc., tienen por objeto propiciar al gualichu. Cuando una criatura se lastima, el sacrificio de yeguas parece participar a un tiempo de la naturaleza de una acción de gracias, porque el daño no fue mayor, y del carácter de un acto propiciatorio para impedir nuevos males.

En el campamento, el gualichu tiene su puesto en la parte trasera del toldo, donde acecha la oportunidad de molestar a los ocupantes; y se supone que se deja estar tranquilo mediante los conjuros del doctor, que está dotado no sólo de la facultad de apaciguar al diablo, sino también de descubrirlo con los ojos.
Pregunté a uno de los doctores a qué se parecía el diablo, pero recibí una respuesta avisaba, en vista de lo cual le hice saber que mi diablo tomaba toda clase de formas, pareciéndose a veces como un guanaco, o un avestruz, o un puma, o un zorrino, o un buitre, lo que divirtió mucho al curandero.

Por lo que he podido comprender, se supone que ese demonio familiar se introduce en las diferentes partes del cuerpo de la gente y causa enfermedades para cuya curación se apela al doctor. El tratamiento en casos de dolor de cabeza, por ejemplo, es muy sencillo: el doctor toma la cabeza del paciente entre sus rodillas y, después de una breve ceremonia de encantamiento, grita en los oídos exhortando al demonio a que salga de allí.

Además del gualichu hay muchos otros demonios que, según suponen los indios, habitan en viviendas subterráneas, debajo de ciertos bosques y ríos, y de ciertas rocas de forma particular.

Los indios consideran con superstición ciertos signos y presagios; uno de ellos, especialmente temido, es el grito de la chotacabras, cuando se oye sobre un campamento o sobre un toldo, anuncia enfermedades o muerte para algunos de los ocupantes.
Los indios profesan gran veneración a esa ave y se oponen a que se le haga daño en alguna forma. Otro animal que, según se supone, posee facultades mágicas, es un lagarto achatado como un sapo; creen que este animalito deja mancos a los caballos por algún medio misterioso, y lo matan dondequiera que lo encuentran.

* De "Vida entre los Patagones", Solar/Hachette, Buenos Aires, 1964. Este libro, que lleva por subtítulo "Un año de excursiones por tierras no frecuentadas, desde el Estrecho de Magallanes hasta el río Negro", fue publicado por el marino británico George Ch. Musters en Londres, en 1871, y relata su viaje, realizado entre 1869 y 1870, por el interior de la Patagonia, acompañado de los indígenas.
     
 
 

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